Puedo apreciar lo que una persona ha logrado o ha sido dado por Dios en la área de talento musical. Pero reconozco que aun con músicos sinceros que aman más a Dios que sus talentos, existen personas que llevan más pasión por la música, talento artístico y una carrera musical, que por Dios mismo. Su prioridad e importancia es la música. Es un gran error pensar que estamos haciendo un favor a Dios cuando solo usamos nuestros talentos. No mal entienden, Dios se agrada que usamos los talentos que nos ha dado.

Pero cuando pongas a pensar, nuestra ofrenda a Dios tiene poco que ver con los talentos, voces, acordes, ritmos, melodías, escalas, etc. Pensar que Dios se beneficie de estas ofrendas, será equivalente a una persona que te pide dinero para comprarte un regalo. C.S. Lewis, explica que tal ofrenda “es como un niño que pide a su padre 6 peniques/centavos para ir y cómprale un regalo. El padre es dispuesto y voluntariamente le da el dinero. El niño con mucho gozo, corre a la tienda para comprar ese regalo a fin de entregarlo a su padre. El padre lo recibe, pero al mismo tiempo sabe que no hay beneficio personal de esta transacción, siendo que en primer lugar, el dinero le pertenecía a él.”

¿Qué podríamos darle a Dios, lo que ya no le pertenece? ¿Alabanzas? Dice la escritura, “los cielos cuenta la gloria de Dios” y ángeles, con voces que nunca se desafinen, le cantan día y noche. ¿Dinero? “Mío es el oro y la plata, dice el Señor.” ¿Nuestro Amor? “Nosotros le amamos, porque él nos amó primero.” ¿Nuestro tiempo? “El da la vida y lo quita.” Todas estas cosas, aunque son buenas para dar, los tenemos porque Dios, como ese padre que dio a su hijo los 6 peniques/centavos, no los dio.

Pero, algo que podemos darle a Dios que sobre pasa ofrendas de canticos, horas de ensayos, conciertos, buena música y talento; es fidelidad. Fidelidad no se requiere la mejor voz, un instrumento, ritmo, o el titulo de un buen músico, sino requiere determinación, disciplina, perseverancia, integridad; no solo en la plataforma, sino en nuestro caminar diario—especialmente cuando solo Dios nos vea. La ofrenda sin fidelidad e integridad, es una transacción sin beneficio a Dios. Pero, ah cuando añadimos a nuestra ofrenda la fidelidad, entonces Dios se agrada, porque recibe no solo algo que nos dio, pero algo que surge de nosotros mismos. Un compromiso de serle fiel. Mira las palabras de nuestro salvador, “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.”

Por lo tanto, ofrece a Dios algo mejor que música, voces, melodías, composiciones lindas—darle tu fidelidad e integridad.

Dios les bendigan,

Alberto

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Muy bien palabras-- No solo en la plataforma, sino en nuestro caminar diario, especialmente cuando
solo Dios nos vea. Gracias Alberto.
íQue verdad! El regalo que Dios considera lo más importante es por nosotros lo más difícil - todo el corazón.

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